Alfonso Ruiz de Aguirre

LOBO EN EL PURGATORIO

INÉDITA, 2006 

Esto dice el autor del libro:

 

"Mi nombre de guerra es Lobo. Y esto es una guerra. Disparo una ráfaga corta y recibo un culatazo en la mejilla. Todo queda oscuro. No quiero morir. Reviento de un cabezazo la nariz del puto moro, lo agarro del cuello y aprieto con toda mi alma. Gritos. La luz se enciende. Abro los ojos. El niño está morado. Entre mis dedos no sostengo el cuello de un enemigo, sino el de mi hijo de un año. Mi mujer continúa dándome puñetazos. Es la misma pesadilla que me persigue desde el 11 de febrero de 2004. Mi nombre es Lobo en la guerra; en casa soy Sergio del Cristo Santisteban, sargento de Infantería en situación de retiro por las heridas recibidas en una emboscada durante mi misión en Irak.

Aquel día estaba de patrulla por Diwaniya (Irak) con los demás miembros de la sección. Alguien arrojó desde un hotel una granada. Cinco heridos. Mi alférez, de gravedad. La metralla me destrozó el lado izquierdo: inutilidad en grado absoluto. El brazo izquierdo ha quedado incapacitado, el nervio radial es irrecuperable, he perdido audición, padezco unos dolores neuropáticos insoportables y sufro síndrome de estrés postraumático. Un parte médico extenso para una espantosa realidad: desde que volví, no sé lo que es dormir una noche tranquilo.

Tras aquella explosión, quedamos bajo una lluvia de balas. Intenté mantener la serenidad. Aún no sé de dónde conseguí la entereza para sacar a mi oficial de la zona de muerte y organizar una evacuación sin más bajas. Al llegar a Base España los jefes me felicitaron. Por encima del dolor, el orgullo de haber cumplido con mi deber.

Los médicos no me dicen lo graves que son las lesiones y, mientras los periódicos las minimizaban, estuve esperando una repatriación que se demoró 14 días. Y eso que me habían calificado como herido grave. El Ministerio de Defensa me explicaría que el retraso se debió a que carecían de aviones, y a que tanto el alférez como yo mismo éramos dos “bajas rutinarias”. Mandan a 1.300 hombres a una misión a más de 4.000 kilómetros de distancia y carecen de medios para repatriar a dos militares. Dos heridos de bomba en un atentado son bajas rutinarias. Tras unas mentiras tan ingenuas se esconden motivaciones perversas: se trataba de tenernos apartados para que no armáramos ruido mientras recorrían nuestras ciudades las manifestaciones contra la impopular guerra de Irak y se preparaban aquellas elecciones del 14 de marzo.

Una vez en España recibo una atención médica tan deficiente y un trato tan vejatorio que me veo obligado a renunciar a la sanidad militar. He tenido que aprender a vivir después de la experiencia de la guerra. Llegó el tiempo del psiquiatra militar, que firmó que mi dolencia nada tenía que ver con el servicio, y de los políticos, que se negaban a reconocerme como herido en combate o como víctima del terrorismo. Y mientras me pregunto qué demonios soy entonces, mi vida se va descomponiendo: pesadillas, depresiones, ansiedad, borracheras, desintoxicación, intentos de suicidio… La muerte en vida. Hasta que decidí contar mi historia para salir del purgatorio. Encontré a Alfonso Ruiz de Aguirre, quien ha escrito mis experiencias en Irak en un libro que se llama Lobo en el purgatorio. Un sargento español en la guerra de Iraq. Se publicará en breve."

Esto dijo el periodista Martín Prieto en un artículo publicado en El Mundo, dentro de la sección El purgatorio de los libros. El artículo apareció el 31 de agosto de 2008, dos años después de la publicación del libro: hoy que los libros tienen fecha de caducidad resulta admirable que éste siguiera teniendo vigencia dos años después. Excelente, Martín Prieto.

 

"La ABC está haciendo un casting para encontrar un veterano de la guerra de Irak que protagonice un serial de amor y guerra titulado Todos mis hijos. Lo veremos en España y no tendrá audiencia porque la segunda Guerra del Golfo ya sólo interesa a José María Aznar, al que le crece el pelo a velocidad inversa a las ideas de Faes. Cuarenta años de terrorismo no han dado para una buena película sobre ETA, y los pancarteros de la paz se han desentendido de nuestras misiones militares en el exterior. No a la guerra es facilón como No al cáncer, y por obvio y onanista resulta estéril, y así la farándula, el cine español, es ajena a nuestros episodios nacionales de anteayer.

La tropa española da pocos Garcilasos, aunque sí buenos y numerosos cronistas de Indias, pero nuestros soldados de hoy son ágrafos para tranquilidad de Defensa. El sargento de Infantería Sergio del Cristo Santiesteban, alias Lobo, se ha buscado un buen amanuense en el profesor de literatura Alfonso Ruiz de Aguirre, para publicar en Inédita Editores su peripecia iraquí Lobo en el purgatorio, que resulta un interesante tratado de psiquiatría militar. El sargento es un vocacional que se define como militar hasta el rabo, y ya estuvo destacado en Bosnia-Hercegovina antes de ser alistado en la Plus Ultra que combatió en el sur de Irak, en Diwaniya, con efectivos mesoamericanos y junto a los bravos polacos que tomaron Basora por los tejados.

Hoy nuestra participación en esa guerra nunca existió, pese a las bajas recibidas e inferidas. Lobo se cabrea: «¡Hay que joderse, en España se piensan que hemos venido a repartir garrafas de agua. Putas misiones de paz!». Los titiriteros, los pacifistas a ultranza, los socialistas y hasta los populares, se colgaron del dosel de la izquierda divina estadounidense representada por Susan Sontag, Noam Chomsky, Jane Fonda, Susan Sarandon o Gore Vidal para guerrear la guerra y hacer invisible el regreso de los muertos y los veteranos. El Síndrome de Vietnam no es sólo el sumo de metralla, la fatiga de combate, sino la desatención de los que regresan convertidos en escoria social de la que avergonzarse. El cine americano sí ha sacado provecho a esta hipocresía.

Al sargento Santiesteban una granada le pespunteó el costado izquierdo desde el tímpano a la pierna. Tras la primera operación en el hospital de Sangre le dieron por menos grave, y a los pocos días le reabrieron con pronóstico muy grave. Tardaron 12 días en evacuarle malamente y la terrible burocracia militar le hizo huir del Gómez Ulla a la medicina privada donde le volvieron a operar. Manco del brazo izquierdo y con dolores intratables, fue pasado a retiro con una minusvalía del 64% que le impide cualquier trabajo. El Síndrome de Estrés Postraumático que le llevó al alcoholismo y a varios intentos de suicidio se lo trataron con calmantes y desdenes. Para el Ministerio de Defensa no es herido en acción de guerra porque estábamos en Irak en misión de paz, ni es víctima del terrorismo porque en Diwaniya no había tales. La granada vino del cielo y Lobo se interpuso descuidadamente. Le trajeron a España de noche y sin prensa, y hoy es una especie de desaparecido en un combate que jamás se produjo y al que nadie le envió. Este sargento sí que tiene una película, aunque no sea Tom Cruise ni haya nacido el 4 de julio".